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Comprando una Casa

Posted by c1690160 on 28/05/2014
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Hay grietas en los cimientos. Nada estructural. Nada que vaya a amenazar la estabilidad de la casa, pero están ahí. Hendiduras, rincones y agujeros por donde se filtra una amenaza invisible. Incoloro, inodoro e indetectable para un ser humano promedio, es sin embargo un riesgo silencioso para la salud.

El gas radón –incluso su nombre suena siniestro– se genera cuando el uranio presente en el suelo se descompone. Córdoba es una provincia particularmente rica en uranio, especialmente en su región serrana, donde afloran rocas graníticas como las del Batolito de Achala. El gas se filtra a través de cualquier punto de acceso a la vivienda: grietas en los cimientos, cañerías mal selladas o directamente desde los materiales de construcción. De hecho, estudios locales han detectado que el mármol y el granito utilizados en paredes son fuentes importantes de emisión de radón en la ciudad de Córdoba.

Una vez dentro de la casa, el gas puede acumularse en sótanos, plantas bajas y ambientes poco ventilados. Mediciones realizadas en el Valle de Punilla y en la ciudad de Córdoba arrojaron concentraciones medias de 46 Bq/m³ y 41,7 Bq/m³ respectivamente, aunque se han registrado valores que superan las guías internacionales de la Organización Mundial de la Salud (100 Bq/m³) en aproximadamente un 6% de los casos. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos recomienda actuar a partir de 148 Bq/m³ (4 picocurios por litro). La buena noticia es que estudios en edificios históricos de Córdoba demostraron que una ventilación natural y eficiente reduce significativamente estos niveles. Abrir las ventanas, especialmente en invierno cuando el gas tiende a acumularse más, puede marcar la diferencia.

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